lunes, 25 de agosto de 2014



"Yo soy él que tiene la culpa"

El abuso sexual infantil implanta la mentira Estoy solo profundamente en el corazón. Esa mentira viene acompañada de otras que le siguen: No soy digno de ser amado. Soy un fracasado. Estoy en control. Todo eso les lleva  a decir: "Fue mi culpa. Yo causé el abuso". 

Sus abusadores eran adultos. Se suponía que tenían que saber lo que estaban haciendo, y ningún adulto sensato dañaría a un niño. Así que algo que piensan que algo malo debe estar mal conmigo. Tal vez me merezco esto

Hacen una encuesta rápida de sus vidas y se concentran en todos los errores que han hecho, por lo que se convencen de que merecen la culpa.

"Me tomó años cambiar esa imagen y echar la culpa a quién pertenece- a los abusadores. No merezco ninguna culpa. No sólo era un niño sino también una víctima" comenta un ejecutivo.

"Fue su culpa. Él me lo hizo a mí". Tal vez eso es obvio, pero debido a que cargué con la vergüenza y la culpa por el abuso, me tomó casi dos años en la  recuperación para poder  decir esas dos frases y realmente creerlas" comenta un padre de familia.

"Llegué a una crisis importante en mi fe. Mi teología me enseñó que Dios me amaba- a mi  y a todo el mundo. No dudé de la enseñanza bíblica. Emocionalmente, sin embargo, no me sentía amado. La Biblia nos dice que Dios "amó tanto al mundo" (Juan 3:16) que envió a Jesús a morir por los pecadores. Eso me incluía a mi. Aun así, a veces me sentía como si me hubieran recogido y aceptado como parte de un acuerdo global. Dios había quedado atascado conmigo debido a una compasión de gran alcance para todos" comenta otro padre de familia.

Hacer llegar el mensaje del amor divino desde la  cabeza hasta el fondo del corazón es un calvario para muchos de nosotros. Pensamos en nuestros fracasos o escuchamos las palabras de nuestros verdugos utilizaron. O nos centramos en nuestra vergüenza. A pesar de nuestra incapacidad para pensar desde lo más profundo de nuestro ser que Dios nos amó, nos ama. 

Nos cuenta un Sobreviviente de abuso sexual que encontró en este pasaje su sanación:


"Un día me di cuenta de un método que funcionó para mí. En mi lectura devocional me encontré con Romanos 9:13, donde Pablo cita a Dios diciendo: "Yo amé a Jacob, pero rechacé a Esaú". 

Ese verso me pareció extraño, a pesar de haberlo leído muchas veces. El impacto de esas palabras se quedó conmigo, y  las meditaba con frecuencia en los próximos días. ¿Qué fue lo que hizo Jaboc para merecer el amor? De todos los personajes de la Biblia,  fue uno  de los mayores sinvergüenzas y menos merecedores, sin embargo, Dios le amaba. No hizo nada para ganar ese amor y debería haber recibido un severo castigo por las cosas sucias y vergonzosas que hizo. en cambio, recibió el amor de Dios. 

Al principio quería ser como Jacob como el receptor de la gracia. Entonces decidí que quería ser Jacob es decir, quería sentirse amado a pesar de que sentía que no lo merecía e indigno.

Reflexionando sobre la historia de Jacob me hizo pensar acerca de la parábola de Jesús del hijo pródigo. El padre amaba al hijo menor a pesar de que pidió su herencia, se fue de casa, y perdió todo su dinero. Cuando el hijo regresó, el padre lo abrazó, hizo una fiesta, y le dio lo mejor de todo.  Al muchacho no se le abrazó ni se le bendijo porque merecía todas esas cosas. El padre simplemente lo amaba y no podía contener su entusiasmo, es por eso hubo alegría por su regreso. (ver Lucas 15: 11-31).

"Yo quería ser abrazado como el hijo pródigo-  amado a pesar de las decisiones equivocadas que había hecho. En su lugar, me sentí como el hermano mayor que se quedó en casa, hizo todo lo que se esperaba de él, vio a su hermano perder una fortuna, y se sintió enojado cuando el rebelde recibió los abrazos y una gran celebración". 

"Como parte de la experiencia cristiana hice muchas cosas religiosas, como aconsejan en los grupos biblícos. No lo habría admitido a nadie durante esos años, sólo mucho más tarde pude  admitirlo a mí mismo, que mis actividades excesivas eran un intento por ganar el amor de Dios. o tal vez eran los intentos de demostrar a Dios que me merecía las bendiciones que ya había recibido". 

Mientras meditaba en la historia del hijo pródigo y la vida de Jacob, me enfrenté a una triste realidad: no podía ganar el amor de Dios. Lo mejor que podía hacer era aceptar que Dios me amaba. Yo no sabía cómo hacerlo, pero me quedé pensando en Jacob el indigno pero amado profundamente . Para mi sorpresa, una mañana me oí a mí mismo orando en una profunda angustia "soy  Jacob, soy Jacob"

Cuánto más pensaba en esas palabras y me concentraba en lo que estaba diciendo, yo sabía que era exactamente como necesitaba orar. 

"Soy Jacob, a quien Tú amas". Varias veces dije estas palabras en voz alta. Oré exactamente esas palabras todos los días durante meses. Mientras oraba, me imaginaba lo que significaban esas palabras. Me podía imaginar como un hijo siendo abrazado por un padre. En mi mente, no importa lo mucho que el holgazán protestó, el padre amoroso seguía diciendo, "te amo, y eso es lo que cuenta". 

Un día yo estaba casi terminando de correr, y en vez de decir: "Yo soy Jacob, a quien amas", me oí decir: "Soy Jacob. Realmente lo  soy". 

Me había centrado en ser Jacob durante tanto tiempo que yo había llegado a ser como Jacob. Es decir, yo sabía que era amado. Sentía esa poderosa confianza de una manera que nunca había experimentado antes. En ese sentido, yo era de hecho Jacob. 

Mi método puede no funcionar para todos, pero funcionó para mí. No había nada místico en lo que hice. Sí creo que mediante la repetición de las palabras todos los días durante semanas, el significado finalmente me llegó.

Las palabras que dije eran verdad, pero no las creía. Mi intención era tomar esa verdad objetiva (Jesús ama a todos) y que sea una realidad subjetiva, emocional (Jesús me ama). 

Cada día mientras oraba, me recordé a mí mismo que el amor de Dios evade los logros- o la falta de ellos. No sé si entiendo incluso ahora  el rechazo de Dios por Esaú. Yo sabía como era  la sensación  de ser Esaú; Quería sentirme como Jacob. 

Algunos pueden tener problemas con mi enfoque. Ellos no pueden decir fácilmente, "Soy Jacob". Podría haber dicho: "Yo quiero ser amado como el indigno Jacob", que es lo que querían decir mis palabras. Pero para explicar a Dios (que no necesita explicaciones) y para desentrañar todas las palabras para mayor claridad hubieran hecho mi oración engorrosa. El concepto simple funcionó para mí. "Soy Jacob" sonaba directa; me permitió enfocarme. 

Cada día mientras oraba, me imaginaba más claramente cómo sería ser  plenamente aceptado en los  brazos amorosos de Dios. Cuanto más indigno me sentía, más pude apreciar ese amor.

En mi caso, esto me tomó varios meses antes de que me sintiera como Jacob. Me sentía profundamente amado y totalmente aceptado sin ningún merecimiento y  a pesar de mis debilidades. Aquéllas sencillas palabras cambiaron mi vida y me llevaron al camino para una mayor intimidad con Dios.

Gracias a Dios los sentimientos no son hechos. Ahora creo-con total certeza- que soy amado. Dejé de creer la mentira y acepté una poderosa verdad.

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