martes, 7 de junio de 2011
¡NO PUEDO VIVIR SIN ELLA/EL!!!!! (PRIMERA PARTE)
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Nos quedamos anteriormente hablando sobre la creencia errónea de pensar que ENAMORARSE ES LO MISMO QUE AMAR.
La segunda creencia errónea más común acerca del amor es creer que la dependencia es amor. Nosotros los psicoterapeutas tenemos que verlo a diario en nuestros pacientes. En su forma más extrema y dramática la vemos cuando una persona se siente rechazada por alguien y quiere suicidarse o queda profundamente deprimido al punto de no querer seguir viviendo por la separación de su esposa o amada. Tal persona dice “No quiero vivir, no puedo vivir sin mi esposa (esposo, novia, novio, amiga, amigo), yo le amo a él (a ella) demasiado”. Y cuando les respondo, como lo hago con frecuencia, “Estás equivocado; usted no ama a su esposa (esposo, amiga, novia, novio)”. “¿Qué me quiere decir? Pregunta con rabia y enojado. “Le acabo de decir que no puedo vivir sin ella (sin él)”. Les trato de explicar “LO QUE USTED ME ESTA DESCRIBIENDO SE LLAMA PARASITISMO, NO AMOR”. Cuando necesitas de otra persona para sobrevivir, te conviertes en un parásito de esa persona. No se puede decidir, no hay libertad en la relación. Es un asunto de necesidad más no amor. El amor es el libre ejercicio del poder de decidir. Cuando dos personas se aman uno al otro son capaces de vivir sin uno al otro pero deciden vivir juntos”.
Defino la dependencia como la incapacidad de experimentar la totalidad o funcionar adecuadamente sin la certeza de que cada uno se encuentra cuidado por otra persona. La dependencia en personas físicamente saludables es PATOLÓGICA –es enfermiza, siempre el reflejo de una enfermedad mental o defecto. Ahora bien distingamos: Todos tenemos necesidades y sentimientos de depender de alguien. Todos queremos que se nos cuide y trate con amor por personas que nos amen de verdad. Sin importar que tan fuertes seamos, sin importar que tan adultos seamos deseamos que nos cuiden. Sin importar que tan arrugados y viejos nos vayamos volviendo siempre vamos a tener el anhelo de contar con una amorosa figura del padre y la madre. Pero la mayoría de nosotros no dependemos de esos sentimientos, no nos controlan la vida, no son ni tema en nuestra existencia. Pero cuando controlan nuestra vida y dictan la calidad de nuestra existencia, ahí es cuando somos dependientes.
UNA PERSONA QUE SU VIDA SEA CONTROLADA Y DICTADA EN BASE A SUS NECESIDADES DE DEPENDENCIA, ES UNA PERSONA QUE SUFRE DE UN TRASTORNO PSIQUIÁTRICO QUE NOSOTROS LE LLAMAMOS “TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD PASIVO DEPENDIENTE”. Fíjense que es el trastorno más común en los casos psiquiátricos.
Las personas con este desorden, andan buscando que alguien los ame que no les queda energía para amar. Son como personas hambrientas, escarbando aquí y allá por comida, sin nada que darle de comer a los demás. Es como si dentro de ellos tuviera vida un gran vacío, un hoyo tan grande implorando que alguien lo llene con amor pero nunca se encuentra lleno. Nunca se sienten plenos o “llenos”. Siempre sienten “que una parte de ellos está incompleta”. No toleran la soledad. Precisamente por esa falta de sentirse plenos y completos es que no tienen un sentido real de identidad, y se definen solamente en base a sus relaciones.
Un joven fornido de 30 años vino a mi consultorio, extremadamente deprimido, su esposa lo había abandonado hacía dos días y se había llevado a sus dos niños con ella. Tres veces lo amenazó con irse si no cambiaba, pero a pesar de que él le imploraba y lloraba, no cambiaba a lo sumo más que un día. Así que la esposa se cansó y se largó con sus dos niños. Este joven no había dormido por dos noches y temblaba de ansiedad, y quería cometer suicidio. “No puedo vivir sin mi familia” llorando “los amo tanto”.
“Estoy impresionada” le dije. “Me dice que las quejas de su esposa eran bien infundadas, que nunca hizo nada por ella, que solo usted llegaba a casa cuando le complacía, que no estaba interesada en ella ni emocional ni sexualmente, que no hablaba ni con sus niños por meses, que nunca jugó con ellos ni con nadie en su familia, realmente estoy impresionada de que se encuentre deprimido cuando esas relaciones nunca existieron”.
“Ve usted” me dijo. “No soy nada ahora. Nada. No tengo mujer. No tengo niños. No sé quién soy yo. No siento nada por ellos pero los amo. No soy nada sin ellos”.
Ya que estaba seriamente deprimido –había perdido la identidad que le había dado su familia- quedamos en vernos dos días después. Esperaba cierta mejoría. También lo estaba atendido su psiquiatra. Cuando regreso estaba sumamente alegre y me dijo “Ahora todo está bien”.
¿Regresó con su familia? Le pregunté.
“Para nada” me respondió felizmente. “No he sabido nada de ellos desde que la vi a usted el otro día, pero acabo de conocer a una lindísima chica anoche en el bar. Realmente le gusto. Está separada como yo. Nos vamos a ver esta noche. Me siento otra vez humano. Ojalá que no tenga que venir al consultorio suyo más. Me siento muy feliz ahora”.
Este rápido cambio es característico de las personas pasivo dependientes. No importa de quiénes dependan, lo único que quieren es estar con alguien. No importa con quién estén con solo que le devuelvan alguna identidad. En consecuencia, las relaciones de estos individuos a pesar de ser tan intensas son VACIAS Y SUPERFICIALES. Precisamente por este vacío que tienen y esa necesidad de llenarlo, es lo que hace que la persona pasivo dependiente busque gratificación rápidamente.
Mañana seguimos hablando de este tema tan importante,
Dios me los bendiga, sigan enviando sus consultas a dracaroline@dracaroline.com que con respeto y cariño responderé.
Su Amiga del Alma
Autora: DraCarolinehttp://www.dracaroline.com/2011/06/no-puedo-vivir-sin-ellael-primera-parte.html
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